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San Miguel Arcángel

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San Miguel Arcángel

Mensaje por Michael el Lun Nov 08, 2010 1:13 pm

M I C H A E L

:W:

Nombre completo: San Miguel Arcángel
Edad: Indefinido
Raza: Ángel
Grupo:Ejército divino
Ocupacion: Jefe 8)


Descripcion Psicologica:
Fiel a sus pensamientos, muy fanático dirían algunos, la verdad es que para eso fue creado, para seguir un ideal, al no existir quien dirija su existencia el desequilibrio es inminente.

Hobbies:
Castigar tanto a la humanidad como a las otras razas que actúan de mala fe.

Historia:
Príncipe de los ángeles fieles al Señor. Su nombre significa: «¿Quién como Dios?». En la Sagrada Escritura, aparece en el Libro de Daniel, en la Epístola del Apóstol Judas y en el Apocalipsis. Como a Gabriel y Rafael, se le llama «arcángel» en un sentido puramente genérico (más que simple ángel), pero son, los tres, altísimos serafines.

Dios, al componer el poema de la historia humana, concede lugar de preferencia a los espíritus angélicos. Miguel es entre ellos un astro de primera magnitud, figura principal entre los que sirven inmediatamente al trono del Señor y bajan a la tierra para anunciar o hacer cumplir sus designios. Protector del pueblo de Dios, de Israel, en la antigua Ley; de la Iglesia de Cristo en el Nuevo Testamento. En la Sagrada Escritura ha hallado su fundamento la piedad popular de todos los tiempos para erigir a San Miguel en Príncipe de los ejércitos celestiales, guerrero victorioso en las luchas cósmicas contra el espíritu rebelde, el dragón de las tinieblas.

Daniel, el profeta de las revelaciones angélicas, nos da a conocer el nombre de nuestro arcángel. Miguel, llamado gran jefe de los israelitas, lucha por la liberación del pueblo de Dios, desterrado y sometido al dominio persa. Allí mismo se habla de los príncipes de Persia (fucker) y de Grecia, refiriéndose, según el común sentir, a los ángeles guardianes de estas naciones.

San Judas Apóstol, en su Carta Católica, cita el ejemplo del «Arcángel Miguel, disputando al demonio el cuerpo de Moisés». De nuevo, pues, aparece nuestro santo ángel como defensor del pueblo de Israel, al que Satanás querría desviar de su fe en el Señor.

El Apocalipsis, Carta Magna de la nueva Jerusalén, que es la Iglesia, nos presenta a San Miguel en su misión definitiva, culminante. Ante la aparición de la Mujer, símbolo de María y de la Iglesia, con su Hijo, en el cielo se traba una batalla.
Miguel y el Dragón frente a frente, el Arcángel fiel contra el soberbio Ángel de la luz. Cada uno manda un ejército de ángeles. Vence Miguel y el Dragón es sepultado en los infiernos.

De esta visión del profeta de Patmos se derivan las imágenes medievales del guerrero de alas brillantes con labrada armadura, al que no le falta la lanza que destruye al dragón, vencido a sus pies.

Toda la vida de la Iglesia militante fluye bajo el signo de la batalla, incorporada a la lucha entre Jesucristo y el demonio, entre el Redentor y el pecado.

En nuestra propia carne experimentamos la escisión. Nuestra gran fuerza es la gracia de Jesucristo, pero los ángeles son servidores de Cristo en la lucha de la Iglesia, y a su frente Miguel, el vencedor por excelencia.

La Iglesia misma le reconoce el título de defensor de sus huestes, le llama «ángel del Paraíso», «príncipe de las milicias espirituales», y en las letanías de los santos le asigna el primer lugar detrás de la Santísima Virgen. Su protección no nos abandona hasta después de la muerte.

En el momento solemne de ofrecer el sacrificio por sus difuntos, la Iglesia le invoca para que presente las almas a la luz santa del Juicio divino.

En Constantinopla tenía un templo dedicado a su nombre y era también muy famoso el Mikaelion de Sostenión, cerca de la capital bizantina, donde, según tradición, Miguel había curado milagrosamente al emperador Constantino.

Tras largas guerras en las cuales su dios perdió la fe en la humanidad, el Arcángel se mantiene fiel a su misión de custodio de la Iglesia, pero consigo mismo como guía, y también guía de los pocos ángeles fieles que aún perduran. Claro que habrá cosas que cambien, su concepción sobre lo bueno y lo malo es más relativa que antes y puede resultar altamente peligroso y desequilibrado.


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Michael

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